|
Cuando los padres (aunque en la mayoría de los casos son las madres) llevan a sus niños a rehabilitación o el terapeuta (puede ser cualquiera profesional de salud) va a domicilio, es muy importante mantener una adecuada posición durante el tratamiento.
SITUACIÓN ACTUAL:
Þ Algunos padres no participan de la terapia y dejan que el profesional haga su trabajo, después de confiar en que esté realiza a cabalidad el mismo, otros están presente para aprender o por seguridad.
Þ Los padres pueden estar muy ansiosos cuando el niño llora durante el tratamiento y/o en la casa cuando ellos los manejan.
Þ Durante el tratamiento, pueden pensar que esto molesta o irrita al terapeuta y casi sin darse cuenta, puede tener miedo que él terapeuta no continúe con el tratamiento, porque el niño “ no se porta bien” temiendo que no quiera seguir con la terapia.
“Se tiene que poner en claro desde un principio que no deben preocuparse por esto”
Þ Otra razón puede ser que ellos mismos sufran con el niño; sienten mucha lastima por él y pueden llegar a ser hostil con el terapeuta que hace que su niño llore.
Þ El niño puede sentir las dudas de los padres hacia el tratamiento del terapeuta y en el caso de haber hostilidad hacia él, también lo sentirá.
Þ Como cualquier otro niño va a sentir mucha lastima de si mismo, más todavía si tiene la complicidad de los padres.
Þ Los vera como un aliado en contra del terapeuta y más específicamente en contra del tratamiento. Y entonces no va a dejar tampoco ser tratado y manejado en casa en la manera en que se está enseñando a los padres.
Þ Esto le impedirá acostumbrarse al tratamiento, y si se da cuenta que este es detenido cuando llora por un rato, va a seguir llorando por mucho tiempo hasta que logre su objetivo: “que no le hagan nada”.
RECOMENDACIONES:
v Los padres y el terapeuta deben cooperar, ser afectuosos pero firmes y no permitir que el chico determine si el tratamiento debe o no debe hacerse.
v Los padres deben entender que el niño va a tardar mucho en adquirir cualquier cosa nueva o diferente, mucho más que un niño normal.
v Además tenemos que impedir que se desarrollen deformidades, porque sino lo hacemos cuando el niño todavía es pequeño y fácil de manejar, va a ser mucho más difícil para los padres y el terapeuta. Y mucho más incomodo para el niño si se hace más tarde cuando las deformidades ya están establecidas.
v Los padres y el terapeuta tienen que estar muy tranquilos, no mostrar ansiedad alguna en su cara o en su voz, sonreír al niño y reafirmarlo todo el tiempo, pero nunca reír ante el llanto del niño.
v El tiene que saber que los padres y el terapeuta no están divididos que no están enojados con el cuando llora y que su llanto no les preocupa si no hay razón física para que exista.
Mensaje final:
“Cada familia tiene una característica particular en su actuar y pensar y son respetables pero el conocimiento de la discapacidad y como influyen en las familias, que con su posición durante el tratamiento mejoran o lo dificultan es muy importante”.
Esperamos que este artículo haya sido de tu agrado.
Tus amigos:
Carlos y Jeniffer |